Las 25 penas más brutales aplicadas a las mujeres infieles a lo largo de toda la historia

Las 25 penas más brutales aplicadas a las mujeres infieles a lo largo de toda la historia9shares

Bajo ninguna circunstancia, la infidelidad podría ser socialmente aceptada. No tan sólo por el dolor que causa en la pareja, sino que representa la mayor falta de respeto hacia el ser que se dice amar, poniendo en tela de juicio nuestra integridad personal, sistema de valores y, en general, lo que somos como persona. Por todo esto, no tiene absolutamente nada que ver si es un hombre o una mujer quien la comete, sus implicaciones son las mismas.

A pesar de esto, nuestra historia como humanidad nos ha demostrado que hay ciertas acciones que son duramente señaladas dependiendo de quien las realice; más específicamente haciendo diferenciaciones por género, siendo la infidelidad una de ellas. Así, las mujeres han tenido que padecer serias vejaciones, malos tratos y humillaciones por su condición de “sexo débil” durate mucho tiempo y si incurrían en el adulterio, era todavía peor.

Aquí en Buenamente.com hemos encontrado las 25 peores formas en las cuales era castigada una mujer en la antigüedad cuando era comprobada su infidelidad. Cuesta creer que tales atrocidades sean reales, pero ¡así fue! Menos mal hemos evolucionado como sociedad al punto de optar por alternativas menos violentas. Sino ¿qué sería de la suerte de muchas?

1. Anteriormente en Turquía, toda la familia del esposo podía participar del castigo

El cual consistía en atacar a la mujer adúltera a fuerza de puñaladas hasta que ésta muriera desangrada. Tanto el esposo, como cualquier persona perteneciente a su núcleo familiar, estaban facultados para hacerlo, sin que esto generara algún problema legal.

2. En tiempos pasados en el Medio Oriente sufrían abominables mutilaciones

Eran seleccionadas las partes más sensibles de su cuerpo para infringir más dolor. Principalmente se hacían en los senos, vientre y su zona íntima. Por si fuera poco, su cónyuge vertía sobre las heridas recién hechas plomo líquido, llenando su útero de igual forma con él.

3. Las tribus antiguas de Papúa Nueva Guinea hacían que los amantes le cortaran los dedos

Y luego se los comieran. No era una opción sino una obligación. Además, una vez hecho esto, eran decapitadas por los esposos.

4. El Islam tiene muchos tipos de castigos

Uno de los más conocidos es el de someter a la mujer a 100 latigazos.

5. En la región de Laung de África lanzaban tanto a la mujer como a su amante de una montaña

Debía ser bastante alta, empinada y rocosa, para que ambos murieran al caer lo más rápido posible.

6. Los coreanos de la antigüedad llenaban el cuerpo de la mujer con vinagre y la golpeaban

El vinagre era para que ella se hinchara y fuese más fácil que muriera mientras el esposo la agredía.

7. Dentro de los territorios de la India rural eran violadas por 10 hombres, o más, de su aldea

Lo peor no es eso, sino que también se aplicaba a las mujeres pertenecientes a la familia de los hombres que eran infieles. ¡Qué absurdo!

8. En la Mongolia de antaño permitían que el esposo de una mujer adúltera la partiera en dos

No en sentido metafórico sino literal. Pero antes debía comprobar su infidelidad por completo. ¡Al menos!

9. Otra pena del Islam era la lapidación

Consistía en enterrar la paste inferior del cuerpo de la mujer, hasta el pecho. Una vez hecho esto, el cónyuge y su familia en pleno le lanzaban piedras hasta que muriera.

10. Sin lugar a dudas, en Tailandia se llevan el premio a la pena más brutal y despiadada

La mujer adúltera era metida en una jaula cuya forma simulaba un elefante. Luego le llevaban a un elefante macho para que, creyendo que es una hembra, trate de aparearse. Espantoso, ¿verdad? Obviamente, la mujer moría por la vigorosa arremetida del animal.

Torturas terribles y brutales 

Eso es simplemente terrible

Hubo otras penas y métodos de tortura que fueron usados para castigar a las mujeres infieles, aunque inicialmente no fueron creados para tal fin

11. La pera vaginal, oral o anal

Esta pera era forzada dentro de la vagina, ano o boca. Una vez dentro de la cavidad, era entonces expandida al máximo girando un tornillo. La cavidad en cuestión resultaba irremediablemente mutilada, casi siempre ocasionando la muerte.

12. El toro de Falaris

Lleva su nombre por Falaris, uno de los más terribles tiranos de Sicilia. El flamante dispositivo constaba en un enorme toro de bronce puro, dentro del cual cabía una persona. El toro tenía una entrada que sólo podía abrirse desde afuera, dentro se colocaba a la víctima y debajo del toro se hacía una inmensa fogata que quemaba viva a la víctima.

13. La Hoguera

Se utilizó casi en su totalidad para la quema de “brujas”, pero también fue utilizada para quemar a mujeres adulteras. Se exponía a la víctima atada a un poste, a su alrededor había preparada madera para su posterior encendido, quemando así a la persona en vida.

14. La silla

La víctima debía sentarse totalmente desnuda sobre la silla para ser golpeada lo que provocaba que los pinchos entrasen con más profundidad en la piel o, incluso, si el asiento era de hierro, lo mandaban a calentar para que los pinchos al rojo vivo entrasen mejor en la piel. 

15. El aplastapulgares

Es una de las torturas más antigua, simples y terriblemente efectiva. La tortura consistía en el aplastamiento de uñas, falanges y nudillos de forma lenta y progresiva, extendiendo el dolor sin provocar daño mortal a la víctima. 

16. El péndulo

Las muñecas de la víctima eran atadas por detrás de la espalda, se añadía una cuerda a esta ligadura izando al acusado. Inmediatamente los húmeros se desarticulaban y poco a poco también las demás vértebras. 

17. La cigueña

La víctima era sujetada por cuello, manos y tobillo, y la sometían a una posición incomodísima que provocaba calambres en los músculos rectales y abdominales; y a las pocas horas en todo el cuerpo

18. Doncella de hierro 

Es una especie de ataúd con una,, multitud de pinchos en su interior, dirigidos a puntos concretos del cuerpo, que se iban clavando lentamente sobre la víctima a medida que se cerraba la puerta. 

19. La picota

La picota se componía de dos placas de metal o madera entrelazadas con 3 orificios: uno para la cabeza y los otros 2 para las manos. Las maderas se ajustaban con un candado para que la víctima no tuviera forma alguna de escapar. Aunque la picota en sí no podía quitar la vida, nuevamente se trataba de un vergonzoso acto público y cuando se colocaba una picota a alguien todo el pueblo era advertido.

20. La hija del carroñero

Una máquina de tortura medieval que constaba de una estructura metálica con aros y un sistema de tuercas y tornillos, a través de los cuales, luego de colocar dentro a la víctima, se podía ejercer la presión suficiente como para ir quebrando todos los huesos del cuerpo.

21. La cuna 

La víctima era levantada y una vez era elevado, se le soltaba de golpe para que cayese sobre la pirámide de madera, con punta de acero, provocando heridas en la cavidad vaginal.

22. La araña de hierro

En la araña de hierro se ataba a la mujer a un poste y se le colocaba esta especie de pinza de metal agarrando todo su seno, luego se aplicaba una enorme fuerza y se le arrancaba el seno por completo.

23. El potro

Este fue una de las máquinas de tortura más conocidas de la Edad Media. Era un sencillo caballete o potro triangular sobre el que se ponía a las víctimas con la única intención de causarle tormento.

24. El taburete de sumersión

Las víctimas eran sentadas en un taburete atado a un brazo móvil al pie de un río o estanque, en el que sumergían el taburete. Los controladores del brazo decidían cuánto tiempo la víctima tendría que estar bajo el agua. Estas sufrían de ahogamientos y en casos más extremos, hipotermia por el frío de las aguas.

25. El cinturón de castidad

Si bien esto no fue creado como método de tortura, sino de "protección" para las mujeres, este dispositivo no podía ser usado por más de unas pocas, máximo un día, ya que de otro modo la mujer que lo llevase moriría víctima de infecciones, abrasiones y laceraciones provocadas por el contacto con el metal del cinturón.

¡Cuántas batallas ha librado la mujer a lo largo de la historia para gozar plenamente de sus derechos!

Más las que faltan... ¡Pero sí se puede!

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