La violencia obstétrica está causando irreversibles daños en madres de todo el mundo.

La violencia obstétrica está causando irreversibles daños en madres de todo el mundo.0shares

La violencia obstétrica es una realidad que ataca a millones de madres en todo el mundo. Y es una difícil y tortuosa experiencia que ninguna mujer merece vivir. Las madres ya han pasado por suficiente malestar durante el embarazo, aunque nadie lo sabrá mejor que ellas mismas, como para que tengan que encontrarse con semejante grupo de "profesionales" que no tienen idea de lo que es traer un niño al mundo. Hasta parece que han sido despojados de la poca humanidad que les quedaba en el cuerpo. 

En vista de esta situación nos preguntamos ¿Por qué se realizan cesáreas innecesarias en hospitales privados y partos obligados en los públicos? Estas son en particular unas de las formas de violencia obstétrica más comunes en el mundo.“¡Si te gustó abrir las piernas ahora aguanta!”, fue lo que escuchó decir Laura Cáceres al grupo de enfermeras que la recibieron en el hospital. 

Fueron muchas horas de dolor, desconcierto y desesperación las que esta mujer tuvo que pasar para que al final su pequeña hija quedara en estado de coma y conectada a un respirador artificial, debido al traumático y humillante parto que ambas vivieron.

Laura tuvo que correr al hospital por presentar contracciones anticipadas...

La fecha programada para su parto se quedó sin efecto una vez que iniciaron sus contracciones, las cuales cada vez se volvían más fuertes y constantes. Cáceres llegó a la emergencia del Hospital de Morón, en Argentina, pero las parteras en el lugar la ignoraron por completo diciendo que debía esperar ser atendida en el horario que había sido programada su cesárea. La mujer les informó que su bebé había sido diagnosticada de taquicardia y que era posible que sus intensos dolores pudieran deberse a algo grave.

El personal insistió en hacerla esperar...

Asegurándole que la taquicardia de su bebé no representaba un riesgo durante el parto. A este punto, Laura empezó a sentirse muy confundida y su intenso dolor era reflejado a través de sus incesantes gritos, cosa que molestó mucho a las enfermeras de turno, quienes no hacían más que mirar sus celulares y reírse, mientras le pedían que hiciera silencio. “¡Si te gustó abrir las piernas ahora aguanta!”, le decían una y otra vez.

“Las parteras me dijeron que el turno era más tarde y me hicieron esperar. Les pedía por favor que me ayudaran y me dijeron que me aguantara, que no podían estar gastando guantes cada vez que me revisaban”, relató a Tiempo Argentino.“Estaban con el celular, me gritaban que dejara de llorar, que les estaba rompiendo los oídos. En la historia clínica pusieron que me revisaron cada diez minutos y nunca lo hicieron. Echaron a mi marido porque si no, el médico no entraba a la sala de parto, fue todo una pesadilla”.

Ya habían pasado 14 horas desde su llegada...

En ese momento, Laura ya no sentía fuerzas ni energía en su interior. Los dolores se habían apoderado de ella. Y finalmente las enfermeras la trasladaron a una camilla, donde le pidieron que empezara a pujar inmediatamente. La joven madre hizo uso de la poca energía que le quedaba para pujar, pero su pequeña niña se había quedado trabada en su vientre, por lo que las enfermeras la jalaron con fuerza, fracturando uno de los débiles brazos de su bebé.

El temor de Laura empezó a crecer...

Como resultado de este tardío y tortuoso proceso de parto, además de la taquicardia de la pequeña Alma, se necesitó un respirador artificial para mantenerla viva. La manera forzada en que intentaron sacarla del vientre de su madre, le provocó una asfixia momentánea que dañó su cerebro de forma irreversible.

“Comencé a pujar y mi hija quedó trabada. Empezaron a hacer toda clase de maniobras para sacarla pero no podían. Lo lograron quebrándole el hombro derecho y moviéndole la cabeza para todos lados. Salió asfixiada, la reanimaron y la entubaron”.

Cinco meses después de nacer la pequeña Alma sigue en estado de coma...

Atada a un respirador artificial, que es lo único que le permite aferrarse a seguir en este mundo.

El embarazo es una etapa de alta vulnerabilidad para las mujeres...

El doloroso momento del alumbramiento, sumado al temor y el desconocimiento hace que las mujeres embarazadas se sientan realmente vulnerables. Y eso provoca que quienes se encargan de atenderlas al momento de dar a luz o durante su embarazo vulneren su integridad y se aprovechen de su posición para obviar sus derechos.

La violencia obstétrica es una terrible realidad a la que no se le da la importancia que debería.

A diario se practican cesáreas forzadas, se niega la administración de fármacos, se omite el chequeo médico frecuente, hay casos de maltrato físico, tactos innecesarios y rupturas artificiales de la membrana. Todas estas son situaciones que viven las madres en salas de hospitales y clínicas a nivel mundial, sin embargo es en el sistema público donde se ven más a menudo.

El 50% de los nacimientos fueron hechos a través de cesáreas en Chile.

Esto según cifras del Ministerio de Salud, lo que nos lleva a pensar que las mujeres son cada vez más, forzadas a traer a sus hijos al mundo a través de este método, lo cual debería ocurrir entre el 10-15% de los casos según los lineamientos de la Organización Mundial de la Salud.

Se les hace creer, desde los primeros meses de gestación, de que el método de cesárea, es más seguro para traer a sus hijos al mundo, dejando el natural como un método complicado y lleno de desventajas.

Víctimas sin voz...

Es un hecho que la sociedad tiene arraigada la creencia de que quienes tienen menos recursos no pueden defender sus derechos, lo que aumenta aun más los casos de violencia obstétrica en los centros de asistencia públicos.

En este sentido, el Director del Observatorio de Violencia Obstétrica (OVO) en Chile e Investigador de la Pontificia Universidad Católica, Gonzalo Leiva, afirma que uno de los factores de mayor gravedad es que son los mismos equipos de salud que ejercen este tipo de violencia quienes no aceptan los hechos, puesto que esta es una practica que se viene haciendo desde hace más de un siglo en el sistema de salud a nivel mundial.

“Esta violencia está tremendamente normalizada y porque los equipos dentro de los hospitales no la ven, no son conscientes de ella. Hay una frase de un obstetra australiano que dice ‘los peces dentro de la pecera no ven el agua’, lo cual es cierto. Estos modelos institucionalizados llevan más de un siglo, los estudiantes que se están formando aprenden que esto siempre ha sido así, por lo que lo ponen en práctica cuando trabajan”.

La violencia se ve en distintos grados...

Y todo dependerá del lugar donde se atienda la madre. Si se sirve del sistema público sufrirá mayor maltrato y si es en el privado, las cesáreas ganarán en frecuencia.

“Los tipos de violencia se dividen de forma distinta en el sistema público y privado. En el privado sin duda es la cesárea cuando hay posibilidad de parto normal. En Chile en el sistema privado tenemos una tasa superior al 70%: ¿qué porcentaje de esa población requería una cesárea? En el sistema público son los malos tratos: humillación, retos, malas palabras, es frecuente la frase: ‘Si te gustó ahora aguántatelo’. Todo esto en un contexto en donde la mujer en Chile sigue siendo vista como un objeto sobre el cual se realicen procedimientos, ya sea que el equipo estima necesario para ella o su bebé, pero no es percibida como un sujeto de derecho”.

Por otro lado, Leiva se refiere a otros vicios del sistema...

Una de las situaciones más comunes es tratar a las embarazadas como si estuvieran enfermas desde que ponen un pie en el hospital, siendo forzadas a sentarse en una silla de ruedas desde su ingreso y siendo despojadas de sus ropa. “Sin decírselo explícitamente le estás diciendo que está enferma”, afirma.

“Todas estas vulneraciones se dan en un contexto lleno de violencia simbólica, como por ejemplo tratar a las mujeres gestantes como enfermas, los cuales responden a defectos o vicios del sistema. Desde que ingresa al hospital hasta el parto hay muchos mensajes, los cuales sin querer ser explícitos, terminan siendo transmitidos a las mujeres. Por ejemplo al llegar a las urgencias se les sienta en una silla de ruedas, sin tener necesidad de ella, porque la mujer puede moverse y es más, el movimiento le hace bien al trabajo de parto. Sin decírselo explícitamente le estás diciendo que está enferma. Desde el momento en que la despojas de su ropa y le pones una bata clínica, le estás diciendo que ella deja de ser la persona que habitualmente es para ser igual al resto, sólo en la cárcel y en los hospitales uno se despoja de la ropa para homogeneizarse. Todo eso es simbólico y habla cómo el equipo médico se apropia del cuerpo de la mujer y de los procesos reproductivos y empieza a tomar decisiones como indicar una cesárea cuando no hay necesidad“.“Hay otras vulneraciones que son transversales como el exceso de intervenciones. Las recomendaciones basadas en estudios empíricos y evidencia científica plantean que las intervenciones deberían ser informadas y consentidas. Desde el punto de vista de medicina no deberíamos llevar a cabo más intervenciones de las necesarias. Cada intervención debería tener una justificación, porque el trabajo de parto es un proceso natural y no una enfermedad, sin embargo en Chile abusamos de la oxitocina sintética, de la rotura artificial de membrana, etc.”.

Sin ánimos de justificar la violencia ejercida a las madres en el sistema público...

Leiva agrega que los equipos médicos también se convierte en víctimas, cuando por ejemplo, se les exige de manera deliberada asistir tres o más partos al mismo tiempo.

“Hay muchos departamentos de maternidad en donde los equipos están tremendamente sobre cargados, por lo que si el sistema no los cuida a ellos, es muy poco probable que ellos cuiden a otros y ese creo que es un problema bastante invisible”.

¿Qué tanto se toca este tema en tu país? COMENTA y no olvides COMPARTIR esta nota con todos tus amigos. 

DEJANOS SABEN TU OPINION
TE LO RECOMENDAMOS
TU PUEDE INTERESAR