Esto es lo que puede pasar si dejas de gritarle a tu hijo durante 2 semanas

Esto es lo que puede pasar si dejas de gritarle a tu hijo durante 2 semanas0shares

De acuerdo con las investigaciones, si le alzas la voz con frecuencia a un niño, esto lo volverá agresivo, introvertido e inseguro. Y esta costumbre tampoco le hace mucho bien a los padres, ya que el estrés diario añadido daña las relaciones. Preferiblemente, en algún punto de nuestras vidas, cada adulto se hace la misma pregunta, "¿es posible comunicarme con mi hijo en términos igualitarios, sin gritos ni rabia?"

Angelina Ivakhno, una madre que se sintió culpable una vez más por una pelea vespertina que tuvo con Michael, su hijo de 4 años, se dio cuenta que no quería volver a alzarle la voz de nuevo. Él es un niño inteligente e independiente y estaba segura que podría comunicarse con él en una forma que no desembocara en peleas o insultos.

Así que, armada con los consejos de psicólogos, decidió firmemente controlar su mal genio y escribir todo lo que pasara en las siguientes dos semanas. Y afortunadamente para los lectores de Buenamente.com, a continuación les contaremos qué pasó y por lo que ambos atravesaron.

Ella se tomó el asunto muy en serio

Así que lo primero que hizo fue empezar a buscar en Internet cuáles eran los principales consejos que tenían para darle los especialistas a padres como ella, con poca paciencia y problemas para controlar su mal genio.

Hay montones de recomendaciones sobre paternidad y manejo de la ira allá afuera, así que tuvo que filtrar toda esa información

Empezó por ignorar los consejos banales del tipo de "deja ir tu ira", o "imagínate a ti misma en el lugar del niño" para darle prioridad a aquellos que podía aplicar en la práctica inmediatamente. Estas son las recomendaciones que decidió seguir.

Permitir al niño evaluar tu progreso dándole pegatinas para que las coloque en una boleta de calificaciones si siente que has sido respetuoso con él ese día

Así haces que el niño sienta que forma parte del proceso y que su opinión es importante.

Hacer una tabla de la ira donde apuntes las veces que le gritas al niño y las razones por las que te enojaste

Esto te permitirá analizar mejor tu propio comportamiento. No puedes modificarlo si no entiendes qué lo causa.

Si realmente sientes que necesitas gritar, intenta decir lo mismo, pero en susurros

Así podrás controlar el impulso sin llegar a explotar.

Si sientes que vas explotar, espera 10 segundos antes de empezar a hablar de nuevo

Fíjate en las señales de ira como puños cerrados, dientes rechinantes y golpes de calor. Cuando los tengas detectados, no hables hasta que hayan pasado

En vez de gritar, aplaude. Puede que te parezca extraño al principio, pero al mismo tiempo te darás cuenta de que es muy efectivo, aún siendo bastante simple

Hazte un recordatorio para los primeros días que puede consistir en dibujarte un ícono de megáfono tachado en el dorso de la mano

Imponte la regla de no reemplazar los gritos con alternativas igual de negativas como las amenzas, por ejemplo

Cuando decidas a hacerlo, empieza ese mismo día sin importar qué día de la semana sea. No esperes al lunes, pues corres el riesgo de posponerlo indefinidamente

Esta es Angelina y esta fue su experiencia durante los 14 días de su experimento

Día 1

Todo funcionó muy bien. Estaba emocionada por los cambios por venir, estaba feliz de fijarme en mi comportamiento y no levanté la voz ni una vez en el día. Pero como me esperaba, no todo iba a ser así de fácil.

Día 2

Michael notó el recordatorio en mi mano y pidió tener uno él también, que le recordara no halarme las orejas. Le dibujé uno. Como peleó para halar la oreja de su padre esa noche, comenzó a llorar mientras se frotaba la mano y decía "¿por qué accedí a esto? ¿Por qué se me ocurrió esto? ¿Por qué hice esto?” Al escucharlo mientras trataba de mantenerme calmada, me preguntaba a mí misma las mismas preguntas.

Días 3 y 4

El sistema para evaluar mi comportamiento no funcionó. Al parecer está diseñado para niños más grandes. Michael ni siquiera entendió la esencia de la evaluación, sólo le gusta pegar las pegatinas.

Día 5

Empezaron las dificultades. Michael empezó a permitirse lloriquear mucho más sin razón. Tuve que introducir una nueva regla: "Seguiré sin gritar si disminuyes las quejas.” Funcionó. Empieza a aprender como decir lo que quiere sin llorar y lo que le molesta que solían ser vociferado en un tono rígido, chillón e infeliz. También se volvió más receptivo a solicitudes hechas con palabras calmadas (como por ejemplo, recoger los juguetes luego de habérselo pedido la primera vez).

Día 6

Michael empezó a molestarme. El pequeño hace desastres que inmediatamente me hacen tener que empezar a contar hasta 10. Las primeras veces fue divertido, pero después empezó a ser irritante. Le pedí que no lo siguiera haciendo. Me hizo caso, pero por alguna razón, dejé de usar ese método.

Día 7

El 7mo día me di cuenta que había mucha menos ira, gritos y quejas en nuestras vidas. Todas las veces que levanté la voz, sólo estaba pronunciando su nombre en voz alta. Rápidamente reemplacé eso con aplausos.

Día 8

La primera falla seria ocurrió este día. Michael trajo a casa su tarea. Me senté con él lista para ser una buena madre que permaneciera calmada, pero terminé siendo una mujer psicológicamente desbalanceada con manos temblorosas. ¿Qué les puedo decir? Los cuadernos de tarea no son para los débiles de corazón.

Día 9

Me sentí arrepentida por el día anterior, lo que hizo que me quedara despierta hasta tarde, y en el 9no día me desperté muy trasnochada. Fue mucho más difícil comportarme bien después de esto.

Día 10

¡Este día marcó el comienzo de los días libres de gritos! Incluso mi esposo, quien estaba muy ocupado para observar lo que estaba pasando, dijo que los cambios en el comportamiento de nuestro hijo eran notables a simple vista.

Día 11

Mi hijo aprendió de mala gana a sostener diálogos y empezó a acceder a acuerdos. También intentó pedir lo que quería, haciendo preguntas periódicas como "¿te importa si prendo el aire acondicionado?" Yo estaba abrumada por este entusiasmo sin precedentes.

Día 12

Sólo este día finalmente usé el consejo de reemplazar los gritos con susurros. Estaba tratando de explicarle a Michael por qué no está bien decirle a los extraños que apestan, pero él estaba jugando con su carrito sin escucharme.

En el pasado, hubiera gritado para que me prestara atención. Pero esta vez, disminuí mis palabras al mínimo y susurré en su oído. Fue mucho más efectivo que cualquier grito porque inmediatamente se vio envuelto en la conversación e hizo algunas preguntas sobre cómo comunicarse con extraños. Desde entonces, las situaciones incómodas como esa han dejado de ocurrir.

Día 13

Preparándome para valorar los reultados finales, inesperadamente perdí control de nuevo. Michael se rehusó a probar su bicicleta nueva, aunque nos había rogado por un mes que le compráramos una. Fue tan extraño e incomprensible que empecé a gritar.

Luego de esto, a pesar de sentir remordimientos, no pude dejar de sentirme molesta por un largo rato. Los síntomas de la ira, que son tan familiares para mí, no se iban. Creo que algunas veces en la maternidad es de una importancia vital delegar la autoridad. Una vez que esta idea despertó la bestia en mí, dejé que mi hijo discutiera la situación con su papá, removiéndome a mí misma de la situación.

Día 14

Puede parecer que la experiencia no fue exitosa debido a mis dos fallas, pero yo creo que fue un éxito. Al menos fui capaz de aclarar algunos momentos para mí misma.

Esto es lo que aprendí sobre mí misma:

  • Si un comportamiento de mi hijo me ha molestado, probablemente lo hará de nuevo. Por lo tanto, no puedo dejar esos momentos sin prestarles atención.
  • Si tengo que gritar, es importante disculparme en una forma oportuna.
  • El comportamiento de mi hijo es un reflejo de nuestra actitud hacia él, sus palabras no son vacías.
  • Antes de introducir estas nuevas reglas, le levanté la voz a Michael unas 12 veces. Él mostró la misma inestabilidad emocional y alrededor del 80% de sus solicitudes y reacciones a prohibiciones se convertían en quejas.
  • Ahora casi nunca tengo que alzar la voz (sólo ocurre una vez cada 4 o 5 días). Michael se ha vuelto mucho más calmado, está aprendiendo a responder sabiamente a las cosas que no le agradan y lloriquea una vez cada 1 o 2 días. Esto me va bien.
  • Estoy muy feliz de haber introducido finalmente la regla de no levantar más mi voz en nuestras vidas. Hizo un bran cambio en la relación de nuestra familia y simplemente no habría podido lograr esto con ningún otro método.

¿Alguna vez has hecho experimentos como este con tu familia? ¡Cuéntanos en los comentarios!

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